Bailarín de Morenada

Bailarín de Morenada

Figura de Morenada

Figura de Morenada

Bailarines Tobas

Bailarines Tobas

Cargamento de plata

Cargamento de plata

Bailarín de diablada

Bailarín de diablada

niños promesantes

niños promesantes

Bailarín Tinku

Bailarín Tinku

un respiro en la jornada

un respiro en la jornada

Bailarines tradicionales

Bailarines tradicionales

La Wipala

La Wipala

Bailarines en el Templo

Bailarines en el Templo

San José de Itos

San José de Itos

amigos y alcohol

amigos y alcohol

músico

músico

¡Jallaya! (saludo tradicional Aymara)

¡Jallaya!

todos sobre las Llamas

todos sobre las Llamas

el momento del ritual

el momento del ritual

la sangre sobre la plata

la sangre sobre la plata

discusiones

discusiones

Suki y Gaby cazadores cazados

Suki y Gaby cazadores cazados

un minuto de silencio

un minuto de silencio

una entrevista a mi anfitrión

una entrevista a mi anfitrión

 

 

La revista Andes Magazine me encomendó viajar durante el verano de 2006 a cubrir la celebración de Carnaval en la ciudad boliviana de Oruro, en menos de 48 horas estaba arriba de un avión con sólo 6 rollos de película de diapositivas y menos de US$ 200 para todos mis gastos.

Llegando a La Paz traté de comprar más película, pero esta no existía y con la presión de menos de 200 fotos para tomar abordé el bus que me separaba a algunas horas de Oruro.

Mi planificación original de retratar bailarines se vió rápidamente modificada por la sorpresiva invitación a presenciar la ceremonia Aymara de Wilancha que se realizaría en la mina argentífera de San José de Itos. Los protagonistas de la fiesta fueron cuatro llamas (Vicugna lamma) que luego de horas de música, alcohol y petardos fueron sacrificadas en el interior de la mina para agradecer al Tío (Señor de las profundidades de la tierra) en medio de horaciones, bocanadas de tabaco negro y sahumerios de dulce aroma.

Las imágenes resultantes se publicaron en la edición 126 de Andes Magazine y algunas se utilizaron posteriormente en mi participación durante la exposición colectiva Fiestas de la Vida.

Este momento marca la lenta y postergada finalización de mi periódo de fotografía tradicional y comienzo mi derrotero digital.